>Invertir, revertir y mantener

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El Ministro José Blanco ha afirmado en una comparecencia ante la Comisión de Vivienda del Congreso de los Diputados que “no tiene inconveniente en invertir menos en carreteras y más en vivienda”. Es noticia de anteayer. Hoy se publica en todos los diarios que cierra Chillida Leku en enero (no os perdáis la obra de este maravilloso escultor http://www.museochillidaleku.com/).

Es un poco raro traer las dos cosas al mismo plano, lo sé, pero la reflexión que me sale del alma es la misma: hay que invertir en las dos cosas, seguro. Las preguntas son dos ¿cuánto hay que invertir? ¿de dónde sale o debe salir el dinero? Porque lo que es claro que no se puede invertir los dineros que ni se tiene ni se tendrá.
La inversión pública está mal vista, porque se suele equiparar con despilfarro. Y muchas veces no es así. Sólo la visión pesimista de los españoles, tan orgullosos y tantas veces incapaces de ver lo bueno del país explica este pesimismo antropológico (Matilde Asensi es un ejemplo asombroso en sus últimos dos libros, en los que un personaje rencoroso y despreciable, vengativo y egoísta no cesa de emitir juicios terribles sobre España, mientras no se plantea sus horrendas acciones, escasamente justificadas: en el último libro asesina de la forma más terrible que imagina, y se recrea en ello, a cuatro hermanos por lo que uno ha hecho).

En fin, que las carreteras que tenemos ha permitido el desarrollo de industrias como las casas rurales (imposibles si se tarda mucho en llegar lejos a pasar el fin de semana) y del turismo de playa (cuando yo era pequeño ir de Asturias a Alicante era una aventura, no tenía sentido para menos de dos semanas de vacaciones). Y a Chillida no lo podemos perder, y ya José Antonio Fernández Ordóñez colaboró con él. Lo que importa es un equilibrio. En Chillida-Leku trabajan 23 personas. Puede que sean demasiadas. La inversión en carreteras en los años pasados fuemuy elevada, y ahora manda la reducción del déficit. Hay forzosamente que obedecer a las matemáticas financieras, pero sin renunciar al sentido común.
No es cuestión de invertir en vivienda o en carreteras, como no es cuestión de seguir el principio de invertir en camisas y no en pantalones. Además, no es lo mismo comprar ropa que mantener la que tenemos en buen uso. ¿Es ahorrar no lavar la ropa, no arreglar sus descosidos? ¿O es gastar más? El ministro tiene que preguntar a sus asesores de confianza (alguien los llamo asesortes, como consortes, por lo poco que influyen) cuánto hay que invertir en conservación: ese es un techo del que si se baja se es responsable de un deterioro de las condiciones. Mola menos la conservación, porque no se inaugura. Pero es imprescindible.
Si me dicen que descuidamos un tramo de carretera este año por dar algo a Chillida Leku estaría de acuerdo. Pero no en que se diluya el lenguaje hasta que no signifique nada. Y no en que los asesores, funcionarios y trabajadores del Ministerio de Fomento dimitan de dar ideas y estructurar la inversión IMPRESCINDIBLE.
Basta de dimitir de hacer cosas y culpar a los políticos o a los funcionarios. Hay que empezar a preguntarse cada uno ¿Yo qué he hecho hoy para mejorar la calidad de los ciudadanos? Pues mañana hay que hacer un poco más.
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