Archivo mensual: noviembre 2010

>Resumir, adoptar, tomar, …. ¿plagiar?

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Una frase que he oído entre los arquitectos dice que los arquitectos malos copia, y los buenos plagian. El plagio en la arquitectura y la ingeniería es un tema muy complicado, por al menos cinco razones:
1) las obras no son personales, mal que les pese a algunos, sino fruto de una labor de equipo
2) el producto no es fácilmente registrable (¿y a nombre de quién se registraría?)
3) la mejora en la técnica pasa por adoptar soluciones que tienen ventajas. El hormigón armado fue una patente en sus inicios, y es claro que su generalización significó un gran avance para la sociedad. ¿Cuánto hay que respetar una patente si su aplicación es tan beneficiosa? En los medicamentos se sigue dando vueltas a esta pregunta, sin grandes resultados. En
ingeniería plagiar tiene sus ventajas sociales (y, claro, para los que plagian)
4) la ingeniería es fácil de robar, porque no se produce en un centro identificable, y una persona es suficiente (por contra, los medicamentos se fabrican en plantas complejas que se pueden cerrar, o multar a sus propietarios con relativa facilidad, ya que no pueden escurrir el bulto)
5) en los textos técnicos no figuran los autores, no suelen publicarse, y sus propietarios (normalmente, la Administración) no tiene mucho interés en ser citados, por si acaso algo sale mal. Así que es difícil citar, no sabes a quién ni dónde. Y tampoco sirve para la segunda utilidad de una cita, aparte de reconocer la autoría intelectual: es dudoso que el lector pueda localizar la obra.
Bernardo Atxaga tiene una serie de tres cuentos en Obabaoak (Los de Obaba) en los que propugna y favorece el plagio, eso sí, cambiando tanto lo plagiado que se convierte en original. El tercer cuento afirma que es un plagio, sin que el que escribe esto sepa de dónde se sacó. Hablemos, pues, de aprender de otros, de inspirarse.
En el programa Clásicos Populares había una sección titulada algo así como “Casualidad, inspiración o plagio” en el que se ponían de manifiesto parecidos razonables o excesivos, aunque en ocasiones cabía la duda de si el autor posterior había conocido la obra anterior.
Claro, plagiar es tan sencillo, tan tentador…. Así que vamos a seguir a Atxaga, y citar un documento de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla sobre el plagio:
Se dan tres excelentes consejos:
“1. No confíes en la memoria: Toma notas
2. Si te conviene. cita la frase o párrafo directamente del original y acredita la autoridad y fuente mediante una cita o referencia bibliográfica
3. Si te conviene más, o no recuerdas la cita con precisión, parafrasea (resumiendo o no) las palabras originales del autor y acredita la autoridad y fuente mediante una cita o referencia bibliográfica”
La definición de parafrasear merece ser insertada como cita explícita “Parafrasear es utilizar las ideas de otra persona, pero usándolas como si fueran propias. No es simplemente cambiar superficialmente el texto (algunas palabras por otras sinónimas o alterar su orden). Es leer el original, comprender lo que el autor dice, sintetizar la información y entonces escribirla con muestras propias palabras”.
¿Cómo saber si copias o parafraseas? Una paráfrasis no es buscar sinónimos, y cambiar la voz activa por la pasiva. Es, en primer lugar, citar la fuente; segundo, emplear estructuras y palabras propias del que escribe, no del parafraseado; tercero, tomar lo que sea más relevante y repetirlo entre comillas; y cuarto, utilizarlo en el discurso de forma relevante por la propia paráfrasis. Normalmente, lo que origina una paráfrasis es que el original está en otro idioma, que su reproducción distrae del discurso o resultaría prolija. De hecho, la Wikipedia define parafrasear como “traducir de forma exacta sin perder la esencia y el sentido del texto original”
Sube a los hombros de los gigantes que te precedieron, porque darán más altura a tus pensamientos. Pero no pienses que sus méritos son tuyos, y, sobre todo, no dejes a los demás pensarlo.

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